lunes, 6 de mayo de 2013

Transgresión




Me gusta escribirte, me gusta conversar contigo. Nuestro intercambio de letras sube de intensidad y por fin te atreves a escuchar mi voz y hablar por teléfono.

Quiero que me cuentes como te sientes y qué más deseas, qué más me quieres hacer, cuáles son tus deseos ocultos, cuál es tu confesión imperdonable, otra persona a lo mejor?... no lo sé, dime tú, tu atrevimiento y tus nervios me excitan, dime... dime... dime qué quieres...yo me atrevo si tú te atreves. 

Te pido que me acompañes... dudas, pero te arriesgas. Te tendré una sorpresa..... 

Nos juntamos en un lugar público y luego nos vamos a un departamento; nos abre la puerta una mujer con cara muy tierna, la saludo y te queda mirando; se sonríe y se acerca a ti para saludarte, tú la saludas, pero ella te toma de la cintura y te aprieta contra sí; mientras cierro la puerta, comienza a sonar una música de fondo: Depeche Mode. 

Al voltearme hacia ustedes, veo como ella lentamente te besa en la boca y puedo sentir tu corazón palpitando desmedido, tu respiración inflamando tu pecho, tu sangre fluyendo por cada poro de tu piel; presa de los nervios, la adrenalina y la excitación, sintiendo por primera vez el contacto con otra mujer. 

Luego te conduce, sin soltar tu cintura, hacia el sofá. Tú te dejas conducir, volteando hacia atrás en busca de mi mirada. 

Yo te miro con ojos de complicidad y excitación, y comprendes que no te juzgo, que conmigo tienes todo permitido, te sientes protegida y liberada al mismo tiempo, tienes ganado tu espacio de libertad absoluta, sabes que te acompañaré y estaré ahí cuando necesites ayuda. 



Te relajas sobre el sofá, te liberas, te entregas a descubrir estas nuevas sensaciones sobre tu 
cuerpo. Ella delicadamente va quitando poco a poco tu ropa, dejándote completamente desnuda. Sientes la suavidad de sus manos sobre tu piel recorriendo tu cuerpo, hasta entonces solo tocado por hombres. Te da curiosidad tocar su piel y decides explorarla con tus manos, internándote bajo su ropa. 

Yo observo esta escena sin perder detalle, las miradas, el escalofrío, la sorpresa de ambas. Me acerco a ella para ayudarte y voy poco a poco quitándole su ropa, abriéndote el camino de su cuerpo para que la sientas totalmente desnuda ante ti.

Son dos valquirias luchando en cámara lenta por alcanzar la eternidad, ella sobre ti, rozando piel contra piel, en contacto tu sexo y el de ella, invaden la humedad, tu boca sobre la suya, perdida toda razón, entregadas a la búsqueda del placer, de ese placer prohibido, del propio y del ajeno. 

Sentado al lado de ustedes, te cuido, velando tu absoluta libertad; yo delirante ante tan delicado y delicioso espectáculo, no puedo sino acompañarte acariciando tu cuerpo con mis manos, ayudándote a sobrepasar tus propios límites, ayudándote por fin a sentir ese anhelado y prohibido placer. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Primera Cita

Nos encontramos en el estacionamiento de un lugar donde casi no hay autos, un día tarde. 

-hola, ¿cómo estás?- 

Besitos, un abrazo por fin, mi mano en tu pierna hurga bajo tu falda, se mete dentro de tu ropa interior y busca hasta encontrar, empezando a acariciarte entre tus piernas; tú gimes, la humedad te invade... estamos apoyados contra el auto. 

Te sientas en el asiento, yo sigo de pie; abres mi pantalón, sacas mi sexo y lo pones en tu boca. No encuentro las palabras adecuadas para describir cuan increíble se siente ese calor de tu boca.

Te tomo en mis brazos y quedas de pie otra vez, me arrodillo un poco y bajo tu ropa interior hasta quitarlo completamente; yo te acerco a mí por tu cintura, tu separas tus piernas y entro en ti, presionándote contra el auto, ahí en el estacionamiento oscuro, ahogamos nuestros gemidos, sin saber si alguien nos vio, sin que eso nos importe.


Terminamos rápido, nos subimos al auto, te llevo de vuelta a tu casa. Durante el camino tu falda no baja de tu cintura y cada vez que puedo, mi mano sigue acariciándote. 

Antes de llegar a tu casa, me detengo, te acercas y te sientas sobre mí, yo solo ahogo mis gemidos y presiono tus pechos, tus pezones; mi mano se mete en tu entre tus piernas y volvemos a terminar. Aun con tu boca ardiendo me das un beso, nuestras lenguas se mezclan.

          
Nos arreglamos un poco y nos despedimos en tu casa, pero la humedad permanece en nuestras mentes. 
Esta es nuestra primera cita…