martes, 30 de abril de 2013

Un Sueño...


Me encantaría encontrarte, en un lugar publico, no muy concurrido, saludarte con un beso y un abrazo... pero yo te abrazo solo con una mano, pues la otra la dejo entre nuestros cuerpos, y rápidamente empiezo a tocar entre tus piernas por sobre tu pantalón, sintiendo como respiras nerviosa, pensando en que alguien nos puede descubrir, pero esa misma adrenalina te excita, al punto de hacerte sentir un temblor y una agitación en tu respiración.
Después, te beso en la boca y mientras nuestros labios están juntos y nuestras lenguas se encuentran, sientes como mi mano va explorando la piel de tu vientre, aventurándose por entre tu pantalón y tu ropa interior. Haces un intento de separarte, pero yo te afirmo con el otro brazo, por lo que terminas por ceder y entregarte a las sensaciones, sin que nada más importe. Así sientes mi mano acariciarte hasta que la tela de tu ropa interior se humedece, lo que me excita más aún. Decido avanzar, para que mis dedos puedan entrar en ti y poder frotarte. Mientras miro tus ojos, veo tu expresión de deseo, veo cómo te agitas, hasta que la adrenalina, la situación, la excitación te hace llegar a un orgasmo, justo en el momento que sientes mis dedos entrar un poco más...



lunes, 29 de abril de 2013

Primer Intento


Entras en la habitación y tomas asiento en ese sofá. La luz es tenue, se escucha una música suave, ligeramente electrónica, acogedora al principio, algo incitante después.
Sigues esperando y han pasado algunos minutos. Esa espera da espacio para darte cuenta de los nervios que te provoca estar allí, sientes tu respiración agitarse, te recorre un leve temblor en tus piernas.
Por fin escuchas mi voz, grave, baja, casi susurrante. Te pido que no te levantes, que por favor cierres tus ojos, que relajes tu cuello y te dejes llevar.
Me acerco lentamente, por detrás de ti y con la punta de mis dedos recorro tu cuello muy suavemente. Lento, bajo con mi índice avanzando hacia tu pecho. Siento la suavidad de tu blusa por unos instantes, hasta que decido liberar el primer botón. Ese movimiento te sobresalta y se escapa un sutil suspiro. Sigue otro botón y luego otro más. Me gusta dibujar con mi dedo, el borde de tu ropa interior sobre tu pecho.
Te miro y sigues aun con tus ojos cerrados, tu respiración agitada hace que tu pecho se mueva. Imagino tus nervios provocándote cosquillas en tu estómago, intentando adivinar cuál será el siguiente paso.

 Mi corazón palpita agitado también. Siento en mí los efectos de la situación, de verte así por primera vez; de verte recostada sobre ese sofá, entregada a las sensaciones; de ver tu blusa descubriendo tu pecho; de ver como tu piernas adquieren ese movimiento involuntario producto de tus nervios, de tu adrenalina, de tu deseo; de ver como ese movimiento hace que tu falda suba y me permita ver tus hermosas piernas.

Acaricio un instante tu pecho, por encima de tu lencería, sintiendo como bajo esa tela tu cuerpo se eriza, sintiendo en mi mano la temperatura que fluye por tus venas. Eso es realmente excitante. No resisto la tentación,  una de mis manos se desliza por debajo de tu sostén y logro por fin apreciar con mi piel la suavidad de tu pecho. Esta sorpresa hace que se escape un leve gemido en ti.
Retiro mi mano, pues quiero seguir explorando tu piel, descubrir tu sensibilidad. Retomo el camino bajando con mis dos manos por tu vientre, palpando cada poro de tu piel, sintiendo esa tibieza incitante. Sin detenerme paso por sobre tu falda hasta tocar tus piernas. Al sentir el contacto de mi piel en tus muslos, instintivamente las juntas, como temiendo una avalancha de placer infinito, como presintiendo el descontrol de las sensaciones, como sintiendo el vértigo de la entrega. Mi mano derecha acaricia suave tu muslo derecho, y mi mano izquierda hace lo mismo con tu otra pierna. Esa suavidad de mis caricias te tranquiliza un poco y lentamente relajas tus piernas dejándote conducir por mis manos, separando un poco una de la otra.
Estoy acariciando tus piernas, bajando hasta tus tobillos, subiendo por tus pantorrillas, luego tus muslos; me arrodillo frente a ti, con una mano subo tu falda hasta tus caderas, dejándome ver la combinación perfecta de formas entre tu piel, tu cuerpo, tu sexo y tu ropa interior. Con mi otra mano sigo recorriendo el interior de tus muslos, hasta que me atrevo a ir un poco más allá, poniendo mi mano entre tus piernas sin quitar aun la prenda que te cubre.
Al sentir mi mano entre tus piernas lanzas un gemido, seguido de un suspiro. Mi corazón palpita agitadamente también, mi respiración se entrecorta, me siento como en una escena irreal. Ese instante, por un segundo, parece como soñado: por fin tenerte, por fin sentirte así.
Vuelvo a la realidad y me excito aún más al sentir tu ropa húmeda, incapaz de contener el calor de tu cuerpo. Siento por encima cada detalle de tu sexo y tú sientes cada movimiento de mi mano que busca el lugar donde producirte más sensaciones. No resisto más, con mi otra mano intento quitarte esa prenda de lencería que separa tu placer de mi piel, pero tu tomas mi mano y me detienes. Repentinamente me invade el temor de haber hecho algo mal, el temor de que ese momento haya llegado a su fin, el temor de haberte llevado a una situación que no querías.
Pero abres tus ojos, levantas tu cabeza, me miras y me sonríes. Eso me tranquiliza. Dejas mi mano sobre tu pierna y sin dejar de mirarme tomas tu pequeña braga y lentamente te la quitas; luego subes aún más tu falda y separas tus piernas, vuelves a cerrar los ojos y vuelves a recostar tu cabeza hacia atrás.
Sin salir de mi estupor, comprendo por fin tu invitación y me acerco a tus piernas con mi boca, besando inicialmente tus rodillas, sintiendo la suavidad de tu piel con mi rostro. Voy poco a poco avanzando con mis labios por la cara interna de tus muslos, percibiendo el temblor de tu cuerpo y aumentando cada vez más excitación en mí… seguiré avanzando, solo si tú quieres.